Por Gustavo Mendelovich
Empresario
En la Argentina de hoy, los concursos preventivos y las quiebras dejaron de ser episodios aislados. Se están convirtiendo en una señal de alarma sobre el estado de la economía real.
En las últimas semanas y meses aparecieron casos en rubros muy distintos: Garbarino terminó en quiebra en marzo de 2026, SanCor abrió su concurso preventivo en febrero de 2025, Frigorífico General Pico inició su concurso preventivo en marzo de 2026 y Goldmund, dueña de Peabody, hizo lo propio también este año.
Pero la lista no termina ahí. También entraron en procesos concursales o de crisis judicializada Celulosa Argentina, Forestadora Tapebicuá, Papelera Santa Ángela, la textil Emilio Alal, Hilado S.A., la bodega Norton y Style Store, dueña de Swatch en la Argentina. Incluso Bioceres S.A. fue llevada a la quiebra por la Justicia santafesina. Lo importante no es solo la cantidad de casos, sino que atraviesan papel, forestación, textil, electrodomésticos, alimentos, consumo masivo y vino. Ya no estamos frente a problemas aislados de una sola actividad.
Detrás de cada expediente judicial hay mucho más que un balance en rojo. Hay inversión frenada, empleo en riesgo, proveedores que quedan colgados, cadenas de pago que se tensionan y economías regionales que pierden densidad.
Cuando la crisis empieza a repetirse en empresas grandes, históricas y de sectores distintos, la dirigencia no puede seguir leyendo estos procesos como excepciones. Tiene que interpretarlos como una advertencia sobre la fragilidad del entramado productivo argentino.
Desde una mirada de gestión, esto obliga a salir de la discusión superficial. No alcanza con mirar variables macro si, al mismo tiempo, se multiplican las compañías que recurren al concurso preventivo para ganar tiempo, reestructurar pasivos o directamente intentar sobrevivir.
Gobernar también es detectar a tiempo cuando la economía real empieza a crujir. Y hoy esa señal está a la vista.
Defender el entramado productivo no es sostener privilegios. Es cuidar trabajo, producción, crédito, consumo y comunidad. Porque sin empresas en pie no hay desarrollo posible, y sin desarrollo no hay estabilidad social ni horizonte de futuro.